martes, 5 de julio de 2011

ENTREVISTA A TERESA VALERO Y MONTSE MARTÍN, AUTORAS DE "CURIOSITY SHOP"


¿Cuál fue la chispa que encendió “Curiosity Shop”? ¿Un lugar, una historia oída a la que dar forma con personajes de vida propia?

Teresa Valero: Yo vivo cerca del llamado Madrid de los Austrias y del Rastro. Esta es una parte de Madrid con un encanto muy especial, vinculada a la compra-venta e intercambio de toda clase de objetos y antigüedades. Al pasear por mi barrio, muchas veces había pensado lo interesante que resultaría hacer un relato que sucediera en estas calles y en el que esos objetos que se apiñan en los escaparates o los portales de las almonedas tuvieran un papel determinante. Fue Montse quien tuvo la (estupenda) idea de situar la acción un poco más atrás, alrededor de los años veinte. Finalmente nos dijimos ¿por qué no ir un poco más atrás? Si queremos una historia de contrabando, en la España neutral de la Primera Guerra Mundial el contrabando alcanzó niveles formidables.
De este modo surgió la forma definitiva de Curiosity, una historia que combina otras tres: el crecimiento y evolución personal de Max Prado, una mujer nacida con el siglo XX, las pequeñas historias que esconden los objetos antiguos, y el relato más o menos somero de algunos de los hechos, en ocasiones terribles, que sacudieron el mundo el pasado siglo.

Montse Martín: Hum... creo que “Curiosity Shop” es la mezcla de muchas historias, libros, tebeos, películas... Teresa tenía algunas ideas para diferentes historias de géneros dispares, y yo tenía muchas ganas de trabajar en un tebeo situado alrededor de los años veinte, una época que siempre me ha gustado mucho, en el que aparecieran intrigas alrededor de un misterioso objeto que empujara de alguna manera a viajar y moverse a los personajes, en busca de la solución al misterio planteado por dicho objeto. Todo por culpa de largos días dibujando al amor de la radio, escuchando la Rosa de los Vientos y la Tertulia de las Cuatro C.
La combinación justa de intrigas, misteriosos objetos, leyendas, un pellizco de romance y un ambiente "real" es gracias al maravilloso trabajo de escritura de Teresa, que ha dotado la historia de mucha más profundidad de la que yo hubiera creído posible en un principio...

La historia comienza en Barcelona pero nos deslumbra casi todo el álbum en el Madrid de principios del siglo XX. Cuando empezásteis a escribir la historia, ¿confiabais de antemano en que el libro sería editado simultáneamente en Francia o fue una necesidad que la aventura se desarrollase en España, reivindicando nuestra riqueza visual, o simplemente elegisteis Madrid como podías haber elegido Paris o Praga?

T.V.:Que esta primera aventura se desarrollase entre Barcelona y Madrid obedece a varias razones: la primera es que son dos ciudades que amamos y admiramos, de arquitecturas y rincones sugerentes, distintas y a la vez similares, refugio de gentes de todos los lugares que levantaron en ellas sus hogares. También eran dos ciudades que nos son familiares y era importante para nosotras movernos, en este comienzo ambicioso, sobre un terreno conocido que dotara a la historia de honestidad y verosimilitud.

M.M.: Creo que ubicar la tienda en Madrid era algo que nos hacía ilusión a ambas, como madrileñas que somos, y, confieso mi ignorancia, yo no conozco ningún cómic situado en la capital... así que parecía dar un pequeño toque novedoso a la obra. Y por mi parte, intentar reproducir ese Madrid de principios del siglo XX, ha sido un reto y un aprendizaje continuo, me motivaba mucho reconocer en viejas fotos un entorno conocido, con el que me sentía muy identificada y muy cómoda, a pesar de las grandes diferencias entre la ciudad del pasado y la actual.

Para ser una novela gráfica que se lee del tirón, el guión no es una sucesión de coincidencias para disfrute de un dibujo y colores increíbles, sino que resulta un puzzle curiosamente bien engrasado según encajan las piezas en los diversos giros y secundarios que se unen a la trama. ¿Resultó difícil dar credibilidad a los personajes en un contexto que resulta tan realista, creíble y, en ocasiones, crudo, tan diferente del mundo que inventaste en “Brujeando”, donde los personajes eran del todo fantásticos?

T.V.: Siempre digo que la única forma de disimular la falta de talento es un plus de trabajo… Suelo sufrir bastante para tejer y sobre todo para cerrar las tramas, porque es un terreno que me resulta especialmente farragoso y me cuesta enormemente darme por satisfecha y poner punto final. Intento refugiarme y buscar apoyo e ideas en la documentación, investigando todo lo que puedo sobre la época en la que se desarrolla el relato, leyendo novelas, ensayos, revistas y periódicos publicados entonces… es gratificante (y ayuda mucho a la creatividad) descubrir muchas historias, grandes y pequeñas, que incluir más o menos transformadas según la necesidad de la narración. La realidad es el granero de la ficción, el coto de caza del cuentista.
Los detalles históricos se pueden escribir de muchas formas pero ¿qué me podéis contar de la riqueza de cada viñeta y dibujo en que se retrata el Madrid de siempre, reconocible, pero de hace 90 años? ¿Se disfruta o se sufre recrear a todo color ese mundo del que sólo quedan recuerdos en blanco y negro?

M.M.: Ah... ambas cosa, se padece y se disfruta. Es la primera vez que cuido tanto esos detalles, que me es necesario identificar un entorno real, y el trabajo de documentación ha sido muy intenso, aunque, como siempre, finalmente tienes que hacer una criba gigantesca y quedarte con lo esencial. Creo que esa es la parte realmente dura: decidir qué muestras y qué te guardas. Y no poder dar un paso sin realizar una búsqueda previa.

Me ha quedado la sensación de que tenía una idea errónea de la vida de la gente, de la conformación de las ciudades... al finalizar el tebeo, he constatado que las costumbres eran mucho más relajadas de lo que me parecía en un principio, tan acostumbrada a esas fotos de estudio que todos tenemos de nuestros abuelos o bisabuelos, normalmente vestidos de negro, tiesos e incómodos, completamente desacostumbrados a que les fotografíen... Hay que aprender a observar el detalle, la anécdota de cada foto antigua que encuentras. Y, asombrosamente, no sólo hay fotos en blanco y negro, he podido encontrar, en el Archivo fotográfico de la Comunidad de Madrid, fotos de 1915 en color, para mi sorpresa. Y te aseguro que ver esas fotos en color te cambia por completo la idea que puedas tener de esa época.


Ya ha pasado tiempo desde la publicación del libro de modo que supongo tendréis opiniones y críticas de todos los colores, ¿Habéis sentido mayor número de reacciones y apoyo desde Francia o desde España?

T.V.: La verdad es que el libro ha sido muy bien recibido a nivel de crítica en ambos países y las opiniones que recibimos nos halagan y nos animan a seguir trabajando y mejorando. Lo que si es cierto es que es un libro más próximo a la cultura española, lleno de detalles quizás difíciles de captar para un lector francés. De todos modos, la vocación de “Curiosity Shop” es viajera y universal, nuestra intención es que la aventura se traslade a Francia, a Turquía, a Rusia, a Norteamérica…

M.M.: Pues en ese sentido estamos contentas; las críticas, en general, han sido muy buenas en ambos países, y más si tenemos en cuenta que es un primer tomo. Ahora todo está en manos del público. Ahora bien, hay que reconocer que en Francia hay una industria, un mercado extenso y variado, que se leen muchas bd. Hay una cultura basada en los tebeos, no sé si me explico. Asi que siempre habrá más repercusión allí, es una cosa lógica.

A nivel personal y recurriendo a dos grandes mitos del mundo de la aventura con quién os quedáis ¿con el toque europeo de Adele Blanc-Sec o el sabor a continua montaña rusa de Indiana Jones?

T.V.: Si puedo elegir a un tercero me quedo, sin duda, con Corto Maltés.

M.M.: Reconozco mi total ignorancia frente al trabajo de Tardi: no he leído Adéle Blanc-Sec. A cambio, he leído y disfrutado con "Dieter Lumpen", (Pellejero y Zetner), "Taxi" y "Jon Rohner" (Alfonso Font)... Aunque me encantan las películas de Indiana Jones (bueno, la última, no) y el espíritu aventurero y la intriga que destilan; son divertidísimas. Se podría ver, tal vez, a Max como una especie de Indiana en femenino, aunque mucho más seria y austera de carácter, y sus motivaciones personales son distintas. El guión de Teresa ha profundizado más en la época que le ha tocado vivir a nuestra protagonista, y es real en ese aspecto, ha procurado no sacrificar la realidad histórica en favor de la aventura o los enigmas relacionados con los objetos misteriosos que busca.




La portada me recuerda a los mejores carteles modernistas de Alphonse Mucha y, desde luego, llama la atención y, te invita a leer lo que hay dentro. ¿Qué artistas, pintores o dibujantes son mayor influencia en el estilo de esta obra?

M.M.: Es muy complicado hablar de influencias para mi: hay demasiados autores que me fascinan y de los que aprendo todos los días. Por supuesto, la portada debía ser estilo modernista, que se daba mucho en la España de esa época, aunque en el resto de Europa empezaba a a abandonarse, no obstante. Pero queríamos ser un poquito fieles también en ese aspecto, y es que es un estilo fascinante., ya sea en pintura, cartelismo, escultura o arquitectura...
Y hablando del interior, de las páginas propiamente dichas, me es inevitable quitarme todo lo aprendido en la animación, que creo que se percibe bastante bien, tanto en el dibujo en sí como en la realización, hecha en gran parte por Teresa, que es dibujante de animación también... Pero sigo el aire (bueno, lo intento con grandes dificultades...) de los dibujantes que leí durante mis años “mozos”, que fueron los que despuntaron sobre todo en los ochenta y noventa: Font, Altuna, Rosinski, Pellejero, Carlos Giménez, ... en fin, yo era lectora habitual de Cimoc. Y ahora los releo continuamente y siempre observo cosas nuevas.

¿Qué ha sido lo más enriquecedor de trabajar juntas? ¿Conectasteis ambas con las mismas ideas o completasteis con vuestras ideas y conceptos diferentes las ideas de la otra?
 
T.V.: He trabajado junto a Montse en proyectos de animación durante más de diez años y siempre ha sido muy fácil colaborar con ella. Es una gran profesional a todos los niveles, seria y responsable, con la que siempre tienes la sensación de que no habrá sorpresas desagradables. Y así es, nunca las hay. El resultado final es un trabajo soberbio, exigente, que supera todas mis expectativas como guionista. Creo que esta relación larga sobre un trabajo tan riguroso y estresante como es a menudo la animación nos ha dado una especie de protocolo de actuación que nos ha hecho la labor sobre Curiosity fácil y fluída. Es maravilloso que los escollos que encuentres haciendo un álbum bd sean como cerrar este fleco de la trama, el aspecto de tal o cual edificio por aquel entonces, o cómo componer un determinado encuadre, y no la relación personal con el co-autor. A ese nivel soy muy afortunada, Montse me hace la vida muy sencilla. Y además aporta mucho a la idea original, no sólo a nivel visual, si no también coherencia, crítica, claridad y brillantez.
 
M.M.: Se podría decir que esto ha sido una lenta carrera de fondo... Hemos trabajado en la animación codo con codo, durante bastantes años, y creo que siempre ha habido una conexión, en cuanto gustos y afinidades lectoras, y mucha confianza en el trabajo de la otra persona. Trabajar con Teresa es una delicia, es ordenada, meticulosa, sensata, y, a la vez, imaginativa y creativa; para una persona decididamente perezosa, caótica y despistada como una servidora, es algo sumamente constructivo, porque tienes que estar continuamente a la altura y procurar superarte en cada cosa que haces.
 
¿De qué depende que podamos disfrutar de una segunda entrega de “Curiosity Shop”? ¿De las ventas, de vuestro tiempo o de la inspiración? Porque supongo que particularmente tú sí sabes qué pasa después.
 
T.V.: La segunda parte está ya en marcha, por lo que afortunadamente, salvo catástrofe, verá la luz a principios del próximo año. En esta aventura que sucede ya en 1915 nuestros personajes se trasladan a Toledo y luego a Andalucía. Max Prado y Valsapena rivalizan en la búsqueda de la legendaria Mesa del Rey Salomón, mientras en España el contrabando de guerra campa por sus respetos generando inmensas fortunas a los emprendedores de laxa moral. Después de esto, en 1916, Mauricio y nuestro particular “Don Ramón” se trasladan a Francia para hacer una crónica de la guerra y Max les sigue, por otras razones…
 


ã TODAS LAS ILUSTRACIONES: MONTSE MARTÍN, TERESA VALERO, GLÉNAT

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